El problema con los expertos no es que sean tontos (no lo son), o que estén haciendo demasiadas predicciones (que sí es el caso). El problema es que emplean los modelos equivocados.

Por Jim Rickards

La primera vez que aparecí en vivo en la televisión financiera fue el 15 de agosto de 2007. Me invitaron a aparecer en Squawk Box, un programa de CNBC, en las primeras etapas de la crisis financiera del 2007-2008.

Claro que en ese entonces ninguno de nosotros sabía con exactitud cómo evolucionarían las cosas, pero era claro que se aproximaba un derrumbe –el mismo derrumbe del que les estuve advirtiendo a los políticos y académicos desde 2003.

Aunque desde entonces he aparecido unas mil veces en televisión, sin duda esa fue la más memorable.

Los presentadores y el equipo del estudio me sintieron sentir en casa a pesar de que esa era mi primera vez en un estudio y era la primera vez que conocía a estas personas.

Cuando terminé, tenía curiosidad sobre cuántos invitados CNBC había entrevistado durante el día. Estar en vivo en la televisión me hizo sentir un poco especial, pero quería saber qué tan especial era ser un invitado. La respuesta desinfló mi ego y me bajó a tierra de golpe.

CNBC tiene unos 120 invitados día tras día, año tras año. Muchos de esos invitados ya han participado antes en la cadena, y lo mismo ocurrió conmigo durante el transcurso de la crisis. Sin embargo, yo no era más que una cara perdida entre un mar de gente. ¿Qué hacían todos esos invitados con tanto tiempo en el aire? Bueno, en su mayoría estaban haciendo pronósticos. Predecían las cotizaciones de las acciones, tasas de interés, crecimiento económico, desempleo, precios de commodities, tasas de cambio, lo que se te ocurra.

La televisión financiera es una gran máquina de predicciones por la que las audiencias parecen tener un apetito insaciable. Eso es natural. Los humanos y los mercados detestan la incertidumbre, y cualquiera que pueda echar luz sobre la obscuridad que depara el futuro encontrará una audiencia.

Esto genera una pregunta, sin embargo: ¿qué tan acertadas son esas predicciones?

Nadie espera perfección o algo siquiera cercano a eso. Un individuo cuyas predicciones resulten correctas un 70% de las veces ya le saca una ventaja colosal al público general. De hecho, si tus predicciones resultan correctas un 55% de las veces, estás en una posición de hacer ganancias, ya que estarás en lo correcto más de lo que estarás equivocado. Si armas tus posiciones apropiadamente y recortas tus pérdidas, un promedio de éxito del 55% te dará retornos que superarán el promedio.

Incluso los monos pueden unirse a este juego. Si predices resultados binarios de forma aleatoria (suba o baja en acciones, tasas altas o bajas, etc.), un mono entrenado tendría un promedio de éxito del 50%. La razón, es que el mono no sabe absolutamente nada y solo apuntará a uno de dos resultados.

Las predicciones aleatorias con resultados azarosos hechas durante un largo periodo de tiempo serán “acertadas” la mitad del tiempo, y “erróneas” la otra mitad, dando un promedio de éxito del 50%.

No vas a hacer ganancias con eso, pero tampoco vas a perder. Es un empate. Así que si un promedio de certeza del 70% es espectacular, uno del 55% está bien y uno del 50% se logra por monos sin entrenamiento, ¿qué tal le va a los pronosticadores profesionales?

La respuesta es: por debajo del 50%.

En pocas palabras, los “expertos” profesionales de las predicciones tienen peor rendimiento que los monos a la hora de predecir el comportamiento de los mercados.

¿Quieres pruebas? Todos los años, la Reserva Federal predice el crecimiento económico del año siguiente. En 2010, predicen el crecimiento del 2011; en 2011 el del 2012, etcétera. Desde el 2009 hasta el 2016, la Fed estuvo equivocada durante ocho años seguidos.

Y cuando digo “equivocada”, hablo de SUMAMENTE equivocada.

Si el banco central estadounidense hubiese predicho un crecimiento del 3,5% y el resultado final hubiese sido del 3,3%, esa habría sido una predicción excelente.

Pero lo que ocurría era que predecían un crecimiento del 3,5% y en realidad terminaba siendo de un 2,2%. Considerando que la expansión económica era de más o menos un 4% en gran la mayoría de los años, esa predicción estaría completamente errónea desde donde se la mire. Pero no seamos demasiado duros con la Fed, ya que las predicciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) son igual de malas.

Si necesitas más evidencia, échale un vistazo al gráfico que encontrarás a continuación. Éste expone la trayectoria esperada en los aumentos de las tasas de interés de la Fed, comenzando en el año 2008 hasta el 2021.El gráfico se basa en los contratos de futuros de los Fondos de la Fed que operan en el Chicago Mercantile Exchange (CME).

Esta predicción no viene de una institución específica. En vez de eso, representa la “sabiduría de las masas”, o lo que sería la un compilado de las posturas de los participantes de mercado sumado por medio de los precios de mercado.

La línea roja muestra el camino real de las tasas durante ese tiempo. Las líneas punteadas negras representan la trayectoria proyectada de las tasas basándose en los contratos de futuros de los Fondos de la Fed que operaron en el CME en diferentes momentos.

Como notarás, desde 2009 a 2015 el mercado constantemente esperó tasas más bajas que las que terminó dando la Fed. Esas son las líneas punteadas negras por encima de la línea roa.

Desde 2016 hasta 2018, el mercado constantemente esperaba tasas más bajas que las que dio el Banco Central. Esas son las líneas punteadas negras por debajo de la línea roja.

En este momento, el mercado parece haber estado en lo correcto (esa es la línea punteada negra que comienza en 2018 y predice tasas más altas), pero ya veremos qué pasa. Mis estimaciones son que la Fed está ajustando demasiado rápido las tasas, por lo que tendrá que saltarse uno de sus aumentos programados para este año. Eso quiere decir que la línea roja estará por debajo de las líneas negras y que el mercado se equivocará una vez más.

Los contratos de futuros de los Fondos de la Fed son unos de los contratos más líquidos y con mayor volumen de operación en el mundo. Si hay algún contrato de futuros que refleje la “sabiduría de las masas”, es este.

El resultado de este análisis es que las masas en realidad no tienen mucho valor predictivo. Se equivocan tanto como los “pronosticadores” profesionales de la Fed y el FMI.

Hay razones que explican esto. La sabiduría de las masas en realidad es un concepto altamente incomprendido. Funciona bien cuando el problema es simple y la respuesta es estática pero desconocida.

El clásico ejemplo de esto es intentar adivinar cuántos caramelos hay en un jarrón grande. En esa situación, el promedio de 1.000 predicciones en realidad será más acertado que la opinión de un “experto”. Eso funciona porque la cantidad de caramelos nunca cambia. No hay ninguna variable dinámica en este problema.

Sin embargo, cuando la respuesta es realmente desconocida y el problema es complejo y dinámico, como es el caso con las predicciones de mercado, las cosas cambian. La sabiduría de las masas sufre todos los sesgos de siempre, el efecto manada, la aversión al riesgo y otras tendencias de la mente humana que aprendimos a través de la psicología conductista.

Esto es importante, ya que cuando los académicos dicen que “no puedes vencer a los mercados”, respondo diciendo que los indicadores de mercado generalmente están equivocados. Cuando los expertos de la televisión dicen que “no puedes superar la sabiduría de las masas”, sonrío y explico qué es realmente a lo que se refiere (y no se refiere) este concepto.

Por cierto, esta es una de las razones por las que los mercados no pudieron predecir el Brexit o la victoria de Trump. Los pronosticadores profesionales simplemente malinterpretaron lo que las encuestas y las apuestas estaban diciendo.

Ahora bien, esto no quiere decir que las encuestas, las apuestas y los contratos de futuros no tengan valor predictivo. Sí lo tienen, pero solo si se entiende realmente lo que indican y no nos basamos en un entendimiento ingenuo y superficial de la sabiduría de las masas.

Ahora bien, ¿esto significa que es imposible hacer predicciones acertadas y que los expertos no tienen idea de qué hablan? En lo absoluto. Las predicciones altamente acertadas son posibles.

El problema con los expertos no es que sean tontos (no lo son), o que estén haciendo demasiadas predicciones (que sí es el caso). El problema es que emplean los modelos equivocados. La persona más lista del mundo trabajando al máximo que da la capacidad humana siempre estará equivocada si emplea el modelo incorrecto. Esa es la razón por la que el FMI, la Fed y la sabiduría pública tienen un promedio tan malo –están usando los modelos incorrectos.

Estos modelos no están asumiendo los sistemas de equilibrio y los riesgos comúnmente distribuidos, como sí lo hacen los modelos más mainstream.

En mi caso, mi propio modelo se basa en algo llamado “teoría de la complejidad”, así como en las estadísticas bayesianas, psicología conductista y, por supuesto, en el estudio de la historia. Gracias a estos factores puedo decir sin falsa modestia que logro obtener resultados mucho más acertados que las otras alternativas, como es el caso de la necesidad del gobierno de Estados Unidos de cambiar absolutamente el estatuto del dólar, como puedes ver en este informe especial.

Saludos,

Jim Rickards

Jim Rickards es editor de Inteligencia Estratégica para Agora Publicaciones