La próxima tormenta de 100 años te espera a la vuelta de la esquina, y sólo hay una estrategia de salida. 

Una de las razones más antiguas por la que deberías acumular un poco de oro, o invertir en acciones de compañías que minen el metal, es que esto te cubre contra cualquier riesgo geopolítico o de desastre natural.

Desde la Peste Negra del Siglo XIV, pasando por la Guerra de Treinta Años del Siglo XVII, hasta las guerras mundiales del siglo pasado, el oro ha sido el único activo capaz de resguardar fielmente la riqueza de quien fue su dueño.

Y hoy no hay razón alguna para creer que eventos de esa magnitud ya no son una posibilidad real.

A continuación encontrarás una copia del grabado en madera de Albrecht Dürer titulado “Los cuatro jinetes del apocalipsis” (1498). El título hace referencia a Apocalipsis 6:1-8, en el Nuevo Testamento. Los cuatro jinetes comúnmente se conocen como Conquista, Guerra, Hambre y Muerte, aunque esas denominaciones siguen discutiéndose en los círculos académicos. El pasaje sobre “Hambre” hace una referencia literal a los precios altos de la comida, lo que también podría ser un guiño a la ruina financiera producto de la inflación.

No creo que haga falta recordarte el mosaico de riesgos que existen en la actualidad en torno a la geopolítica y la economía globales.

Estados Unidos está determinado a impedirle a Irán conseguir armas nucleares. Por su lado, Irán tiene la misma determinación por desarrollarlas. Los vecinos del país, como Arabia Saudita, han dicho que si la belicosa nación logra armar un arsenal nuclear, ellos harán lo mismo.

En ese caso, Turquía y Egipto se unirían a la jugada nuclear. Eso genera que las elecciones que tenemos actualmente se reduzcan a una guerra convencional con Irán, o una carrera atómica en una región altamente volátil.

Corea del Norte ya cuenta con un arsenal de ojivas nucleares con la posibilidad de cubrir una extensión más o menos similar a la de la bomba de Hiroshima, es decir, aproximadamente unos 15 kilotones de TNT. Sin embargo, Pyongyang ha probado armas mucho más devastadoras. Asimismo, ha desarrollado misiles balísticos de rango intermedio (IIRB, por sus siglas en inglés) y ha probado misiles balísticos intercontinentales (ICBM).

Continúan las charlas de desnuclearización entre Estados Unidos y Corea del Norte, aunque el Presidente Trump ha dejado claro que atacará la nación de Kim Jong-Un si éste sigue avanzando hacia su meta de tener un misil nuclear capaz de atacar Estados Unidos.

Si las charlas de paz fracasan y el Tío Sam en efecto ataca a Corea del Norte, es probable que Pyongyang ordene un ataque devastador a Corea del Sur –e incluso podría lanzar un misil nuclear a Japón.

Venezuela es una catástrofe tanto política como humanitariamente hablando, y se está aproximando al nivel de un estado fallido. Esto podría resultar en una guerra civil, revueltas, refugiados escapando en masa y un cese en sus exportaciones de petróleo, que representan aproximadamente un 3% del petróleo actual del mercado global.

Su tasa de inflación excede el 40.000%. Eso significa que la inflación venezolana oficialmente ha superado la de la Alemania weimarés, en la que la tasa de inflación más alta registrada fue de “solo” 29.500%. En este momento, el FMI predice que la hiperinflación de Venezuela llegará al 1.000.000% para finales de 2018.

Otros puntos de tensión en el mundo incluyen a Siria, Ucrania, Israel y su confrontación con Hamás y Hezbolá, la guerra saudí con los rebeldes Houthi respaldados por Irán en Yemén y los problemas territoriales en el Mar del Sur de China.

Y con esto nada más rasgamos la superficie. Los desastres naturales abundan; desde las inundaciones severas causadas por los huracanes hasta los flujos de lava de Kilauea en Hawái. Cuatro años después de que una epidemia en África occidental causara la muerte de 10.000 personas, el virus del ébola ha reaparecido en el Congo. Hay otras amenazas simplemente inescapables.

Asimismo, están saliendo a la luz nuevos riesgos que no son ni geopolíticos ni naturales en el sentido tradicional. Éstos incluyen colapsos de redes energéticas, guerras cibernéticas, hackeos, robos de información y abuso de enormes bases de datos, de lo cual vemos como ejemplos la interferencia rusa en la contienda presidencial estadounidense de hace un par de años.

Cada vez estamos más cerca los robots asesinos, ataques en masa de drones y usos ilegales de la inteligencia artificial.

Y aun así, no sería culpa de un inversor si dice “¿y todo eso qué importa?”. Muchas de las amenazas que mencioné se han estado gestando por años. Y echando un vistazo al pasado podemos ver que muchos riesgos de esta índole al final nunca se materializaron.

Sin embargo, aquí te tengo un poco de matemática, un poco simplificada, que podría terminar con esa calma falsa de los inversores. No te preocupes por los detalles, pero te recomiendo encarecidamente que sí te enfoques en lo que esto implica.

Consideremos la metáfora de una “inundación de 100 años”, una catástrofe causada por un evento raro, un “cisne negro”, como dicen.

Llamemos “P” a la probabilidad de que haya una inundación de 100 años en una zona conocida por ser propensa a estos eventos. Determinemos ahora las probabilidades de que ocurra tal inundación en un año determinado en una secuencia de años.

Podemos expresar esto de la siguiente forma:

P(inundación de 100 años) = P(F) = 1% = 0.01

P(que no haya inundación de 100 años) = P(F‘) = 1 – 0.01 = 0.99

P(que no haya inundación por 2 años) = P(F‘) * P(F‘) = P(F‘)2 = 0.992 = 0.9801

P(que no haya inundación por X años) = P(F‘)X

Entonces, P(que no haya inundación por 30 años) = P(F‘)30 = 0.9930 = 0.7397

Probabilidades de que no haya una inundación ≈ 74%

Probabilidades de que sí haya una inundación ≈ 26%

Esto significa que durante un lapso de 30 años, las probabilidades de que se dé una inundación de 100 años son del 26%, o lo que es, ¡una probabilidad de más de uno en cuatro!

Los cálculos que acabas de ver se conocen como la matemática de Bernoulli. Una vez más, no hace falta preocuparte por los detalles. El punto al que quiero llegar es que los eventos desastrosos con pocas probabilidades de ocurrir en un período corto de tiempo casi siempre terminan tomando lugar en el largo plazo.

Tomemos el ejemplo anterior y consideremos cuatro catástrofes diferentes, cada una equivalente a la inundación de 100 años y sin ningún tipo de correlación entre una y otra. Si las probabilidades de que cada evento individual tome lugar en 30 años son del 26%, las posibilidades de que alguno de ellos ocurra durante ese período de tiempo son del 100%.

A medida que hacemos una lista cada vez más larga de amenazas, el lapso de tiempo en que alguno de estos eventos ocurra con una probabilidad del 100% pasa de los 30 años a los 20, luego a los 10, etcétera. En otras, la próxima tormenta de 100 años te espera a la vuelta de la esquina.

Por cierto, la experiencia real y empírica coincide con estos cálculos. Cuando consideramos las catástrofes económicas recientes que afectan únicamente a los inversores, sin tener en cuenta otros desastres, vemos que hemos tenido derrumbes en la Bolsa o crisis de liquidez en 1987, 1994, 1998, 2000 y 2008.

Estamos hablando de cinco caídas importantes en solo 31 años, o lo que es un promedio de un derrumbe cada seis años. El último evento como éste tomó lugar hace diez años. Y basándonos en la historia de los mercados, eso significa que el mundo tiene pendiente otra crisis.

Ahora bien, ¿todo esto que acabo de contarte implica que debes juntar comida enlatada y encerrarte en un búnker y esperar el fin? Por supuesto que no. Todos nosotros despertamos cada día y enfrentamos nuestras realidades, sin importar qué tengamos en frente. A mí no me paraliza el miedo, y tampoco debería paralizarte a ti.

Sin embargo, esto sí quiere decir que necesitas superar cualquier sesgo psicológico que te haga pensar que el futuro será como el pasado o que la calma actual es un buen pronóstico para lo que estar por venir (un fenómeno llamado “sesgo de la experiencia reciente” por los psicólogos conductistas).

Cuando realmente llegue la inundación de 100 años, será demasiado tarde para protegerse. Asimismo, cuando llegue la próxima crisis financiera, será demasiado tarde para comprar oro a los precios relativamente atractivos que vemos hoy en día.

El momento perfecto para comprar una póliza de seguro es cuando las cosas no podrían estar mejor.

Saludos,

Jim Rickards

Jim Rickards es editor de Inteligencia Estratégica para Agora Publicaciones