Estados Unidos está recibiendo una dosis triple de endurecimiento en la forma de intereses más altos, oferta monetaria reducida y un dólar más fuerte. A este ritmo, una recesión podría llegar antes de finales de 2018 –a no ser, claro, que la Fed cambie de rumbo.

Por Jim Rickards

La semana pasada estuve en Dublín, Irlanda, donde tuve el enorme honor de recibir un premio de parte del Trinity College a causa de mi trabajo y mis libros publicados.

Me alegra, porque mi trabajo tiene mucho de ingrato: básicamente consiste en seguir señalando los riesgos del sistema financiero a los que nos enfrentamos, así como ayudar a los ahorristas de todo el mundo a prepararse para la próxima crisis.

Como no me cansaré de decirlo, los bancos centrales son una parte importante del problema.

Si tienes modelos defectuosos y obsoletos, tu análisis será incorrecto, lo que a su vez resultará en políticas erróneas todo el tiempo. Y no hay un mejor ejemplo de esto que la Reserva Federal de Estados Unidos.

Esto, porque la Fed emplea modelos de equilibrio para comprender una economía que, en realidad, no es un sistema equilibrado; es un sistema dinámico complejo.

Por ejemplo, usa la llamada “Curva Phillips” para intentar entender la relación entre el desempleo y la inflación, aun cuando 50 años de información nos dice que no existe tal correlación.

O usa modelos de “valor en riesgo” basados en eventos de distribución normal, con todo y que la evidencia claramente apunta a que la distribución de grado de los eventos de riesgo es una curva de potencia, no una curva normal de campana.

Debido a estos modelos defectuosos, en 2008 la Fed imprimió US$ 3,5 billones de dinero nuevo con la intención de “estimular” la economía. Esto solo resultó en la recuperación más débil de la historia.

Pero eso ya es cosa del pasado. Ahora estamos recorriendo el camino contrario y el ciclo de endurecimiento monetario de la Fed ha estado dándose de varias formas durante los últimos cinco años.

Primero llegaron las advertencias de endurecimiento por parte del entonces presidente, Ben Bernanke, en mayo de 2013.

Luego, el endurecimiento se materializó en diciembre de ese año y se extendió hasta noviembre de 2014.

Posteriormente, en marzo de 2015, se suprimieron las proyecciones futuras; también se dio el aumento de las tasas de interés en diciembre de ese año, con siete subas más (hasta ahora), así como el comienzo del endurecimiento cuantitativo en octubre de 2017.

Sin ir más lejos, ahora mismo está programado otro incremento de las tipos para diciembre de 2018, lo que sería el noveno aumento desde el “despegue” de las tasas.

Durante gran parte de este endurecimiento, el dólar estuvo realmente más débil debido a que los mercados creyeron que la Fed no subiría la apuesta de sus políticas duras o que, por otro lado, se estaba sobre-extendiendo y que se vería obligada a dar marcha atrás en la implementación de sus medidas.

Ahora que la entidad monetaria ha demostrado que habla en serio y que seguirá el sendero anti flexibilización (por lo menos hasta que cause una recesión), los mercados finalmente le creen.

Además, desde octubre pasado la Fed también ha estado reduciendo sus balances por medio del proceso de endurecimiento cuantitativo (QT). Dijeron que el plan de QT estaba en “piloto automático”, que la Fed no lo usaría como un instrumento de política monetaria, y que la destrucción dinero se daría “en segundo plano”, como un programa de computadora que no está usando.

Y no hay problema con que la Fed diga eso, pero la realidad es que los mercados tienen otra postura. Los analistas estiman que el QT será equivalente a de 2 a 4 subas en las tasas de interés por año, con cada incremento termia siendo más alto de lo que indica la tasa explícita de aumento actual.

¿El resultado? Los mercados ya han sufrido dos sell-offs importantes este año, siendo el más reciente el del pasado octubre.

Si bien hay otros factores importantes jugando un papel en esto, como la incertidumbre causada por la guerra comercial y la incertidumbre política previa a las elecciones de medio término en Estados Unidos, la realidad es que el endurecimiento simplemente no puede ser ignorado.

Las condiciones económicas menos flexibles en los Estados Unidos han conducido a un dólar más fuerte, a salidas de capital en los mercados emergentes (EM) y desinflación.

El dólar ha escalado más o menos un 4,5% este año con respecto a las otras divisas importantes con las que compite, como el euro, la libra y el yen, y en total esto se ve reflejado muy claramente en la evolución del índice DXY.

En sí mismo, ya un dólar más fuerte es –en términos efectivos- endurecimiento monetario. Hace que las importaciones sean más baratas las importaciones para los compradores estadounidenses, ya que necesitan menos dólares para comprar bienes. Este es un factor deflacionario que hará que la meta de la Fed de alcanzar una tasa de inflación constante del 2% sea aún más difícil de conseguir.

El país ahora está recibiendo una dosis triple de endurecimiento en la forma de intereses más altos, oferta monetaria reducida y una divisa nacional más fuerte. A este ritmo, la recesión podría llegar antes de finales de 2018 –a no ser, claro, que la Fed cambie de rumbo.

Pronto veremos si la Fed se percata de todo esto antes de que sea demasiado tarde.

Aunque no tengo muchas esperanzas. La Fed siempre es la última en enterarse.

Jim Rickards

Jim Rickards es editor de Inteligencia Estratégica para Agora Publicaciones.