Las guerras de divisas se dan después de las guerras comerciales. ¿Cuándo empezará la guerra real?…

Por Jim Rickards

Las advertencias sobre las obligaciones de pagos de los chinos y una potencial crisis de deuda no son nada nuevo. China tiene un ratio deuda-PIB más alto que Estados Unidos. Asimismo, desde la crisis financiera de 2008, su banco central ha impreso más dinero que la Reserva Federal.

Gran parte de la deuda china está denominada en dólares, lo que la hace más difícil de saldar debido a la debilidad del yuan. Además, otra parte de estos compromisos financieros pertenece a varias empresas estatales, que conforman una cadena de deuda en la que todos pretenden que pueden saldar sus obligaciones de pagos, cuando no es así.

Aun así, una porción importante de la deuda existe en la forma de instrumentos de administración de capital, o WMP por sus siglas en inglés. Los WMP son valores de alto rendimiento que se venden engañosamente como depósitos bancarios (que no lo son) y se invierten en proyectos de real estate. Estos proyectos no podrán generar suficiente capital como para saldar el préstamo.

Gran parte del “crecimiento” chino (más o menos un 25% del total) se ha dado por inversiones de derroche en proyectos de infraestructura en ciudades fantasmas, así como estructuras de transporte totalmente innecesarias y de altos costos de mantenimiento. Todas estas inversiones fueron financiadas con deuda que ahora simplemente no pueden saldar.

En lo que se refiere a la creación de empleos de corto plazo y a promover las ventas de cemento, vidrio y acero, no hay problema con esto. Sin embargo, no es un modelo sostenible, ya que la infraestructura que se creaba no se usaba en lo absoluto o, simplemente, no generaba suficientes ingresos como para saldar la deuda.

Todo esto de por sí es bastante malo, pero puede que las cosas se hayan puesto mucho peor.

Resulta que los gobiernos locales y las provincias chinas han generado US$6 billones de deuda no oficial que no se tomaron en cuenta en los análisis financieros previos. Para darle dimensión a este número, US$ 6 billones equivale a casi un 30% de la totalidad de la deuda nacional estadounidense. Y esto apenas es lo que antes no se conocía, es decir, aún falta sumar la deuda oficial de China.

El gobierno chino ha empezado a reducir su apalancamiento, en un intento por poner la situación bajo control. El dictador comunista permanente de China, Xi Jinping, comenzó un programa de reducción de deuda y apalancamiento. Sin embargo, la economía entró en un fuerte período de ralentización ni bien se liberó el torniquete de la deuda.

Los líderes chinos han entrado en pánico por la ralentización económica que está tomando lugar en su país. Debido a esto, han retomado el flujo de crédito, solo que está vez se hace con tasas de interés más bajas, más apalancamiento bancario y más consumo en infraestructura financiada por deuda y controlado por el gobierno.

Claro que lo único que esto hace es posponer un poco el “día del juicio” financiero, a la vez que agravará la crisis de deuda una vez que llegue.

Las obligaciones de pago oficiales de los chinos son tan irregulares, que nadie puede refinanciarlas o prolongarlas a excepción del propio gobierno chino. Esto, su vez, implicaría exponer la deuda impagable por lo que realmente es, lo que podría desembocar en una crisis financiera y de liquidez.

La economía china ha caído tanto que los mercados están colapsando. Con cada día que pasa, nos acercamos más y más a un posible colapso financiero total en China.

A lo que quiero llegar, es que la bomba de deuda de los chinos está a punto de estallar.

La situación no se puede ver de forma aislada a las guerras comerciales y de divisas.

Mis lectores ya conocen mi tesis de que ante una situación de demasiada deuda y poco crecimiento, el mundo responde primero con guerras de divisas y luego con guerras comerciales.

Las guerras de divisas nacen de una condición de demasiada deuda y poco crecimiento. Las naciones roban crecimiento de sus socios comerciales mediante el abaratamiento de sus divisas, con la intención de promover exportaciones, desalentar las importantes, importar inflación e incrementar su PIB.

Esto puede funcionar a corto plazo, pero los beneficios son estrictamente temporales porque los socios comerciales toman represalias al devaluar sus propias monedas.

Las guerras de divisa eventualmente dan cabida a guerras comerciales, en las que las naciones intentan mejorar su PIB con incrementos en los aranceles de los bienes de sus socios comerciales.

La guerra comercial fracasa por las mismas razones que las de divisa –represalias. Los aranceles de un lado son contrarrestados con los del otro, hasta que los contratos comerciales del mundo y la totalidad de la comunidad internacional termina peor de lo que empezó. Estos enfrentamientos financieros no se limitan a aranceles y menos comercio. Como ocurre con cualquier guerra, habrá mucho daño colateral.

Pero las tensiones no siempre acaban allí…

Al final del día, llegan las guerras violentas, que en realidad pueden promover el crecimiento a través de la manufactura de equipo de guerra y reconstrucciones post-conflicto. Eso, sin embargo, llega al altísimo costo de la muerte, destrucción y deuda de guerra.

Este patrón se dio en las década del 20 y del 30 del siglo pasado, y parece que está ocurriendo una vez más.

Las guerras de divisas comenzaron en 2010. Las comerciales, en 2018. Las violentas podrían estar más cerca de lo que crees. Desde el Mar del Sur de China hasta el Golfo Pérsico, las tensiones globales van en aumento.

La guerras comerciales China-Estados Unidos no son solo actuaciones simbólicas para el corto plazo. Es algo serio, peligroso y que podría empeorar antes de mejorar. Esperemos que esta vez la transición histórica hacia guerras reales no se dé.

Pero los riesgos de que ocurra un accidente entre las fuerzas navales de Estados Unidos y China siguen siendo una amenaza real en las aguas de la costa este china. Hace poco, dos navíos estadounidenses atravesaron el Estrecho de Taiwán. Éstos fueron seguidos muy de cerca por naves chinas. No es difícil anticipar que en algún punto se podría dar algún incidente que, a su vez, podría empeorar rápidamente. Puede que esto nunca pase, pero ciertamente es una posibilidad.

Sin embargo, para que una guerra comercial resulte devastadora para todo el sistema, no necesariamente tiene que llevar a una guerra violenta. Una crisis financiera causada por las guerras de divisas y las comerciales también son una posibilidad real.

Las crisis financieras se dan de forma periódica, como ocurrió en 1987, 1994, 1998, 2000 y 2008. En las últimas 3 décadas, se han dado aproximadamente cada cinco años. En este momento, no hemos experimentado una desde hace 10 años. Pareciera que el mundo tiene pendiente una crisis.

Además de esto, todas las crisis son peores que las anteriores, por lo que requieren de la intervención de los bancos centrales. En la próxima crisis, que podría ser muy pronto, los propios bancos centrales necesitarán ser rescatados, probablemente por el FMI.

Este conocimiento histórico de la economía es útil, ¿pero es posible que los inversores realmente prevean la próxima crisis con suficiente tiempo como para reaccionar?

La respuesta es “sí”, siempre y cuando estés buscando señales en los lugares correctos y escuches las opiniones correctas. En este momento, esas opiniones que adviertan un colapso financiero están lejos de ser poco creíbles –vienen desde el corazón de la élite global.

Las élites económicas mundiales, como el gurú financiero Mohamed El-Erian, también han advertido sobre otra crisis si las actuales guerras de divisas y comerciales no se resuelven pronto.

Las advertencias también vienen de otros economistas de élite, como Larry Summers, Nouriel Roubini y de instituciones como el Banco de Pagos Internacionales y ciertos bancos centrales importantes. Sin embargo, las advertencias también vienen de la institución de élite número del mundo.

El FMI, que está en la cima de la pirámide financiera global, ahora está advirtiendo sobre un “derrumbe financiero” que podría llegar en cualquier momento.

Esta vez, la Fed y los otros bancos centrales no estarán en una posición en la que puedan lidiar con una recesión o crisis si se llegara a dar alguna en el futuro cercano.

De nuevo, estas advertencias no vienen de la boca de economistas extraños o de bloggers cualquiera. Vienen directo de la élite financiera global. Y si ellos están preocupados por la estabilidad financiera, tal vez tú también deberías estarlo.

Para prepararse para esto, necesitas tener un 10% de tus activos de inversión en oro o plata, y otro 30% en efectivo. Esta distribución preservará tu riqueza y te dará capital de reserva con el que podrás comprar a precios de gangas cuando llegue la crisis.

Saludos,

Jim Rickards

Jim Rickards es editor de Inteligencia Estratégica para Agora Publicaciones.