Si tienes inversiones en estas multinacionales estadounidenses en riesgo, deberías estar muy atento a la guerra comercial. Te guste o no, tus intereses aquí están con los dueños, no con los trabajadores.

Por Jim Rickards

Acabo de terminar una llamada a través de un teléfono barato que tiene software Android. Estoy tomando una soda Valpré, hecha por Coca-Cola. Y ahora estoy a punto de subirme a un Ford que alquilé para estos días.

Sudáfrica está llena de productos hechos por compañías estadounidenses. Lo mismo ocurría con Alemania y Suiza, países donde estuve antes de encaminarme hacia África.

Es cierto que la mayoría de estos productos se fabricaron en los países donde se venden. Sin embargo, una parte de cada una de estas ventas termina en las cuentas bancarias de las firmas estadounidenses que inventaron y tiene el control del copyright de esos productos.

No obstante, este dinero en realidad no toma en cuenta en el valor de “exportaciones” de los Estados Unidos. Esta categoría tan importante –y de tanto interés para el gobierno de Donald Trump– está reservada para los bienes físicos que se envían hacia fuera del país, así como los servicios de compañías con sede en los Estados Unidos.

En contraste, el ingreso de dinero proveniente de las ventas de bienes con marcas estadounidenses hechos por subsidiarias y licencias en el extranjero –en esencia, propiedad intelectual– se excluye de esta métrica.

Dada la enorme importancia de estos flujos de caja, ¿por qué no se consideran cuando hablamos de las exportaciones estadounidenses?

¿Y qué pasaría si los incluimos?

La respuesta es sorprendente… e ilustra a la perfección cómo tus inversiones están en riesgo debido a la creciente guerra comercial del Presidente Trump.

Los que compran vs. los que ganan

El balance comercial tradicional de los Estados Unidos –que se calcula como dijimos hace un momento– muestra un déficit anual en el país de más de US$ 330.000 millones con China y más o menos US$ 550.000 millones con el resto del mundo.

En una investigación reciente publicada por el Deutsche Bank, se midieron las ventas en el extranjero de compañías multinacionales estadounidenses. Cuando se sumaron a los balances los US$ 90.000 millones que estas compañías recibieron a partir de sus operaciones en China, el déficit comercial se convirtió en superávit.

Y cuando se toman en cuenta esta clase de ingresos corporativos desde el extranjero, Estados Unidos también disfruta de superávits comerciales con México y Canadá.

Lo mismo ocurre a nivel global.

Esto no debería ser una sorpresa para nadie, pero los medios financieros tanto de Estados Unidos como del resto del mundo, casi nunca hablan de ello cuando se habla del comercio global. Como resultado, millones de personas en todo el mundo se están creyendo los argumentos a favor de los aranceles y otras barreras comerciales.

Y ésta es la razón…

Para empezar, en la actual economía global no tiene sentido alguno fabricar bienes y mandarlos al otro lado del mundo. Casi todas las naciones del mundo tienen la capacidad de fabricar sus propios bienes básicos de consumo. Las economías más grandes, como China por ejemplo, también pueden fabricar artículos más complejos, como autos y otros. Y en ambos casos el costo de enviar productos terminados desde Estados Unidos a otros países es en realidad más alto que fabricar y vender esos productos directamente en el extranjero.

Y segundo, gran parte de los ingresos extranjeros de la economía estadounidense viene de las licencias de patentes y marcas. Cuando las subsidiarias extranjeras de Apple fabrican y venden iPhones fuera del territorio nacional, los ingresos que se generan gracias a esta propiedad intelectual van directo a la compañía estadounidense. Lo mismo ocurre con otras firmas locales, como Coca-Cola, que licencia sus productos a firmas extranjeras independientes.

En términos prácticos, las multinacionales estadounidenses han pasado de fabricar sus propios bienes a simplemente recibir honorarios y royalties de su propiedad intelectual.

Y en ambos casos, cantidades colosales de capital fluyen de regreso a Estados Unidos –de la misma forma que lo harían si se exportaran bienes físicos. La única diferencia es que esto no se toma en cuenta como ingresos del comercio internacional.

Entonces… ¿cómo se resuelve?

Una de las razones por la que la gente tiende a enfocarse en los balances tradicionales del comercio es el hecho de que tienen un impacto en los trabajadores locales. Cuando las firmas estadounidenses fabrican bienes y los exportan a otras naciones, los empleados disfrutan de trabajo y salario.

Sin embargo, cuando estas firmas operan directamente fuera del territorio nacional, cualquier monto de dinero que vuelva allí entra directamente a la caja de la empresa y los bolsillos de los accionistas.

Los empleados locales no reciben ni un solo centavo.

Esto quiere decir que cuando hablamos de comercio, los intereses del capital local no son los mismos que los de los empleados. Y es esa la razón por la que la gran mayoría de las multinacionales estadounidenses y las firmas tecnológicas están tan en contra de los aranceles de Trump.

Si la guerra comercial del Presidente se sale de control, China y otras naciones responderán contra las firmas estadounidenses que operen en sus economías. Les pueden hacer la vida imposible fácilmente, ya sea pidiendo más licencias especiales, aplazando las aprobaciones, ralentizando las importaciones o simplemente incrementando su carga tributaria.

Esto afectará directamente los ingresos extranjeros de estas firmas… lo que significa que habrá menos dinero en los libros.

A ti también te afecta (estés donde estés)

Menos ingresos extranjeros implican menos ganancias. Y por eso las represalias contra las compañías estadounidenses operando en el extranjero –resultado directo de las guerras comerciales- afectará las cotizaciones de sus acciones en las bolsas de Estados Unidos.

Ya en este momento, los ratios precio-ganancia están a niveles altísimos. Y la reducción más mínima en las ganancias emporará la situación de estos ratios. Eso significa que no tomará mucho antes de que las acciones entren en territorio bajista.

Entonces, si tienes inversiones en estas multinacionales estadounidenses en riesgo, deberías estar muy atento a la guerra comercial. Te guste o no, tus intereses aquí están con los dueños, no con los trabajadores.

Mi consejo: cobertura a través de la tenencia de activos de refugio como el oro. Cuando la guerra comercial le pegue a las acciones, el oro se comportará de forma diametralmente opuesta.

Jim Rickards,

Jim Rickards es editor de Inteligencia Estratégica para Agora Publicaciones