En un juego de póker de tres jugadores, si no sabes quién es el tonto, eres el tonto. Trump está tratando de hacer de China el hombre extraño. Muy pocas personas parecen entender esto. 

Por Jim Rickards, desde Darien, Connecticut

Vladimir Putin es acusado en los medios y por buena parte de la opinión pública mundial de manipular su reciente reelección, encarcelar a sus enemigos políticos, asesinar a espías rusos convertidos en dobles agentes, inmiscuirse en las elecciones de Occidente, apoderarse de Crimea, desestabilizar a Ucrania, apoyar a un dictador asesino en Siria y exportar armas a naciones terroristas como Irán.

Ahora, pese a sus métodos autoritarios y de mano dura, Rusia es más que el Sr. Putin. El país asiático es la 12ª economía más grande del mundo, con un Producto Interno Bruto (PIB) que supera los USD 1,5 billones, por encima de economías desarrolladas como Australia (N° 13), España (N° 14) y los Países Bajos (N° 18).

Su sector exportador le genera una balanza comercial positiva, lo que le ha permitido a Rusia no tener déficit comercial durante más de 20 años. Si bien la producción petrolera rusa ha experimentado una reducción en los últimos tres años debido a preocupaciones en torno a que esté contaminada, sigue ubicándose entre los tres principales países productores de petróleo del mundo, junto con Arabia Saudita y Estados Unidos.

Rusia cuenta con la mayor extensión de tierra de cualquier otro país del mundo y una población de 146,8 millones de personas, la novena más grande del mundo. El país asiático es también la tercera nación productora de oro en el mundo, después de China y Australia, con una producción total de más de 250 toneladas por año, ubicándola delante de Estados Unidos, Canadá y Sudáfrica.

Rusia es altamente competitiva en la exportación de plantas de energía nuclear, armamento avanzado, tecnología espacial, productos agrícolas y cuenta con una fuerza laboral educada.

Su relación deuda pública/PIB de Rusia es de alrededor de 12%, un porcentaje trivial si se lo compara con Japón (253%), Estados Unidos (105%) o Alemania (68%). La deuda externa en dólares de Rusia también es bastante baja en comparación con las enormes cargas de deuda en dólares de otras economías de mercados emergentes como Turquía, Indonesia o China.

Bajo el liderazgo estable de Elvira Nabiullina en el Banco Central de Rusia, el país ha logrado reconstruir sus reservas en moneda fuerte, tras haberse agotado severamente en 2015 luego del colapso de los precios del petróleo que comenzó en 2014.

Las reservas totales de oro aumentaron de 1.275 toneladas en julio de 2015 a más de 2.100 toneladas en la actualidad. La relación oro/PIB rusa es la más alta del mundo y equivale a más del doble de la de Estados Unidos y China.

En resumen, pese al constante disgusto que produce su líder a las potencias occidentales, Rusia es un país a tener en cuenta. Puede ser rechazado, pero no ignorado.

Y Rusia es aún más importante geopolíticamente que lo que sugieren estas métricas favorables.

Solo hay tres países en el mundo que por obvias razones son considerados como primera potencia: Estados Unidos, Rusia y China. Estos tres son los únicos superpoderosos. Algunos analistas quizás se sorprendan por ver a Rusia en la lista de superpotencias, pero los hechos son indiscutibles.

Más precisamente, Rusia es una superpotencia nuclear al menos a la par con Estados Unidos y muy por delante de China, Francia, Inglaterra y otras potencias nucleares.

No por descartarlos, pero todas las demás son potencias secundarias (Inglaterra, Francia, Alemania, Japón, Israel, etc.) o terciarias (Irán, Turquía, India, Pakistán, Arabia Saudita, etc.). Esta realidad estratégica establece una dinámica predecible de tres partes.

Geopolítica y póquer
En cualquier dinámica tripartita, ya sea un juego de póquer o una lucha por el control global, la dinámica es simple. Dos de los poderes se alinean explícita o implícitamente contra el tercero. Las dos potencias alineadas se abstienen de usar su poder entre sí para conservarlo y usarlo contra la tercera potencia.

Mientras tanto, la tercera potencia, el “extraño que queda fuera”, sufre el hecho de tener que gastar recursos militares y económicos para defenderse del aventurerismo de sus oponentes sin la ayuda de ninguno de los otros dos.

China es la mayor amenaza geopolítica para Estados Unidos debido a sus avances económicos y tecnológicos y a su ambición de expulsarlo del círculo de influencia del Pacífico occidental. Rusia puede ser una amenaza para algunos de sus vecinos, pero representa una mucho menor para los intereses estratégicos de Estados Unidos.

Por lo tanto, un equilibrio lógico de poder en el mundo sería que Estados Unidos y Rusia encuentren un espacio de entendimiento común en la contención de China y busquen conjuntamente la reducción del poder chino.

Una de las claves de la política exterior de Estados Unidos en los últimos 50 o 60 años ha sido asegurarse de que Rusia y China nunca formaran una alianza. Mantenerlos separados fue clave, pero China y Rusia están forjando vínculos más estrechos a través de la Organización de Cooperación de Shanghai, un tratado militar y económico, y las instituciones del BRICS, (solo a modo recordativo, se considera así a la coordinación conjunta de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

Las instituciones del BRICS son análogas a las del FMI y al Banco Mundial, y buscan fortalecer lazos en temas como infraestructura crítica, acuerdos comerciales bilaterales, canjes de divisas bilaterales, venta de armas y otros.

Mientras tanto, Estados Unidos se encuentran enfrentado con Rusia y China en diferentes temas. ¿Y quién está ubicado en el eje perdedor en todo esto? Estados Unidos, obviamente.

Esta alineación estratégica de dos contra uno ejercida por China y Rusia contra Estados Unidos representa un error estratégico de éste último.

Estados Unidos se ha retirado en gran parte de Medio Oriente, mientras que Rusia ha intervenido en Siria y en otros lugares, China se está expandiendo en el Mar del Sur de China y Rusia se está expandiendo en su periferia. Rusia también ha apoyado a China en la guerra comercial.

De hecho, se apoyan constantemente y el “extraño que se queda fuera” en todo esto es Estados Unidos.

Pero la relación rusa/china puede ser dinamitada.

Pese a que China y Rusia eran comunistas durante la Guerra Fría, ambos países cuentan con un historial de intereses en conflicto. Los chinos han llegado a describir a Rusia como “la tierra hambrienta”, refiriéndose a las tendencias expansionistas de Rusia.

Los dos países tuvieron una serie de escaramuzas fronterizas en la década de 1960, y la de 1969 fue particularmente grave. Según un alto desertor soviético que se escapó a Estados Unidos, “el Politburó estaba aterrorizado de que los chinos pudieran intentar una intrusión a gran escala en el territorio soviético”.

Los soviéticos incluso consideraron un potencial ataque nuclear preventivo contra las instalaciones nucleares chinas. Los funcionarios soviéticos informaron a Washington de esa posibilidad, pero la respuesta de Estados Unidos fue firme, advirtiendo que cualquier ataque nuclear podría conducir a la Tercera Guerra Mundial.

El punto es que hay fisuras en la relación chino-rusa que Estados Unidos podrían explotar.

Por otra parte, Estados Unidos y Rusia son los primeros y segundos productores de energía más grandes del mundo. El tercero es Arabia Saudita. Si colocas a Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudita en una alianza flexible, estamos hablando del dominio total de los mercados de energía. Pueden interrumpirlo, pueden suministrarlo y son los que pueden establecer precios.

¿Y quién necesita más y más energía? China.

China tiene muy poco petróleo o gas natural. Tiene carbón, pero si has estado en Beijing últimamente, sabrás que durante el mediodía se percibe todo negro porque el aire se ha tornado irrespirable. La enfermedad pulmonar se está volviendo algo bastante común. Literalmente se están ahogando. Entonces, Rusia, Estados Unidos y Arabia Saudita, actuando conjuntamente, podrían tener a China completamente a su merced.

Pero Estados Unidos actualmente no tiene ninguna relación con Rusia para respaldar nuestra posición contra China. Son dos contra uno, y Estados Unidos es el hombre extraño, gracias a la disfunción política norteamericana y sus medios de comunicación.

En un juego de póker de tres jugadores, si no sabes quién es el tonto es porque entonces el tonto eres tú. Trump está tratando de que China sea ese “extraño”, pero muy pocas personas parecen entender esto.

A medida que se expande el poder de China y se pone a prueba el poder estadounidense en Asia, es probable que Estados Unidos corrija su miopía estratégica reciente y encuentre modos de trabajar con Rusia, o al menos eso debería. Esto no se logrará a través de ilusiones acerca de la verdadera naturaleza de Putin o su régimen, sino por una simple cuestión de necesidad geopolítica.

En medio de todo esto, la recomendación es hacer lo que hoy están haciendo Rusia y China y comprar oro.

Saludos,

Jim Rickards

Jim Rickards es editor de Inteligencia Estratégica para Agora Publicaciones. Es un abogado, economista y banquero de inversión. Ha brindado su vasto conocimiento de los mercados a la comunidad de inteligencia estadounidense y al pentágono.