Empleos e ingresos básicos garantizados, ¿la próxima gran discusión política?

Por Jim Rickards

Una de las primeras lecciones que aprendes como lobista de Washington (sí, admito que fui un lobista en la década del 90), es que “no puedes derrotar a algo con nada”.

Esa es la forma de los insiders washingtonianos para decir que si no te gustan las políticas de tu oponente, no es suficiente quejarse, insultar y esperar que algo cambie. Tienes que traer a la mesa una política propia que atraiga a tus votantes y que puedas ofrecer al público como una alternativa válida.

Bueno, últimamente este ha sido un problema para los demócratas.

No pueden ver a Trump ni en pintura y como resultado, lo insultan todo el día. Es justamente por eso que no ganarán en las elecciones de 2018 y 2020, a no ser claro que les ofrezcan a los votantes estadounidenses algo además de burlas sin fin en contra del actual Presidente.

Algunos cuantos demócratas inteligentes, entre ellos Bernie Sanders y Cory Booker, están bien al tanto de esto y están actuando acorde. Su alternativa a las políticas de Trump es un empleo garantizado para cada estadounidense que quiera uno. Estos empleos serán de productividad baja o negativa que exigirán pocas o ninguna habilidad y que no ofrecerá capacidad de crecimiento laboral.

Puede que esta propuesta suene extraña considerando que está llegando en un momento en el que la tasa de desempleo en los Estados Unidos es de 3,9%, la más baja en casi 20 años. El desempleo es de un 3,7% entre los hombres adultos blancos y de 3,5% para las mujeres adultas blancas, mientras que el desempleo de los afroamericanos se aproxima a mínimos históricos.

Teniendo esto en cuenta, ¿para qué lanzar un programa laboral en este momento?

Resulta que las estadísticas oficiales de desempleo son en realidad bastante engañosas. En ellas no se consideran los aproximadamente 10 millones de adultos capaces de trabajar que simplemente se rindieron en su búsqueda laboral.

Cuando ajustamos las estadísticas con esos “trabajadores perdidos”, la tasa real de desempleo es de más o menos un 10% –una cifra a niveles de fuerte recesión.

El interés del público por el programa de trabajos garantizados es alto. Los críticos de éste afirman que el programa suprime los incentivos a la superación y que acabará con la ética laboral tradicional. Por otro lado, los que apoyan la iniciativa alegan que ayudará a incrementar los salarios debido a que los empleados privados tendrán que igualar los sueldos ofrecidos por el programa, todo a fin de competir con los trabajos gubernamentales.

En ese sentido, esto realmente es un medio para incrementar el salario mínimo y ampliar los beneficios.

Ahora, independientemente de cuál es tu postura sobre en el tema, vete preparando para escuchar mucho sobre este debate en los años venideros.

Quién sabe, tal vez Trump terminará estando a favor de este sistema. Nuestro actual presidente no es un conservador común, sino un político astuto capaz de robar la mejor idea de su oponente.

¿Por qué? Porque no puedes vencer “algo” con “nada”…

Además de esto, hay una idea paralela que está comenzando a ganar tracción en círculos importantes… Últimamente he estado escribiendo sobre algo llamado “GBI”, lo que representa las siglas en inglés de “Ingreso Básico Garantizado”. GBI es la nueva palabra de moda en la charla académica, en Silicon Valley y entre la élite en ambas costas de los Estados Unidos.

El GBI tiene otros nombres, como “ingreso básico universal”, UBI o simplemente “ingreso básico”, pero la política es exactamente la misma sin importar del nombre. La idea es que los gobiernos garanticen cierta cantidad de ingresos a todos los ciudadanos, y que todos aquellos cuyos ingresos estén por debajo de un umbral específico reciban estos pagos.

En realidad es simplemente un programa de estado de bienestar, pero con otro nombre y que, además, aplicaría a un número mucho mayor de individuos que solo la población pobre, sin pasar por ningún filtro laboral o algo así para calificar.

Para recibirlo, no serían necesarios ningún medio de prueba con el que decidir si se deben o no repartir estos ingresos, ni ningún tipo de comprobante laboral. El gobierno simplemente le da a todos los hombres y mujeres un cheque todos los meses, sin importar si son ricos o pobres, jóvenes o viejos, empleados o desempleados.

La idea detrás de GBI es que la tecnología está haciendo que muchos trabajos queden obsoletos y que sin importar qué, esos trabajos perdidos no volverán. Algunos ciudadanos pueden competir en el nuevo mundo de alta tecnología-alta recompensa, pero la realidad es que la mayoría no puede.

Si la gente no puede conseguir empleo, entonces los ingresos se estancarán y no habrá consumo, razón por la cual nadie va a comprar los dispositivos que las compañías tecnológicas fabrican. En su lugar, todos recibirán un cheque con dinero que pueden gastar como quieran.

La razón por la que traigo el GBI a colación es que vas a comenzar a escuchar mucho sobre éste en los próximos dos años. En lugar de apoyar los empleos garantizados, los líderes del partido demócrata de Estados Unidos apoyarán un GBI como parte de su plataforma política.

Las encuestan muestran que más o menos la mitad de los estadounidenses también está a favor de esta política. El argumento a favor de GBI es que éste le da una sólida base financiera a todos los individuos necesitados que luego pueden buscar empleo, rechazar trabajos “indeseables”, buscar educación y entrenamiento, brindar servicios caseros a sus familias, amigos o comunidad o simplemente se hacerse artistas.

Los argumentos en contra de esta política son que alienta la holgazanería, desalienta el trabajo productivo, no es costeable para los gobiernos endeudados y que producirá inflación, lo que aniquila los ahorros y no permite la formación de capital.

Pero, ¿hay evidencia para alguna de estas dos posturas? Algunos países alrededor del mundo ya han comenzado sus propios programas de GBI, y los resultados iniciales no fueron positivos.

Finlandia ha decidido discontinuar su programa piloto de GBI. En lo que se refiere a términos de aumento en la tasa de empleo, los resultados fueron decepcionantes. Esto respalda la postura de quienes afirman que los GBI tienden a desalentar el trabajo, en lugar de alentarlo a través del entrenamiento. Aquí vimos solo un pequeño ejemplo; de ahora en más descubriremos mucho más sobre los efectos del GBI. Mientras tanto, el debate político está librándose a toda fuerza.

Mientras tanto, el debate político está marchando a toda máquina, y no se irá a ningún lado. Los defensores de GBI no ven ningún problema con los déficits presupuestarios que esto implica. Según ellos, la Fed puede monetizar la deuda indefinidamente, así que no hay problema a la hora de encontrar ese dinero. El plan de trabajos garantizados suena más atractivo para los políticos que el GBI, pero de todas formas genera enormes déficits en los presupuestos sin dar mucho a cambio.

Al final del día, los programas de GBI y de empleos garantizados terminarán fracasando como siempre lo hacen. Pero eso no quiere decir que no se intentará hacerlos funcionar. Anticipamos esto como un tema importante en la campaña para las elecciones de medio término de 2018 (que se darán pronto) y las elecciones presidenciales del 2020. Los déficits que vienen junto al GBI garantizarán que Estados Unidos siga yéndose por el camino de la bancarrota.

La combinación de recortes tributarios y una expansión colosal en el gasto del gobierno son por sí mismas garantías suficientes de que veremos un alza importante en los déficits más adelante. Y atención: esto se da en un momento en que la economía se supone es fuerte.

Pero la realidad es otra: hace ya tiempo que debería haber llegado una recesión. Después de la Segunda Guerra Mundial, la expansión económica típica duraba nada más unos 58 meses. La “expansión” actual –y uso ese término entre comillas porque ha sido extremadamente débil para los estándares históricos– ha sido de 108 meses.

¿Qué pasará cuando la inevitable recesión llegue a escena?

Las recaudaciones impositivas escasearán y el gobierno muy, muy probablemente libere una ola de gasto deficitario a fin de estimular la economía. La política actual de la Fed de endurecimiento cuantitativo (QT) será revertida automáticamente.

La deuda, que ya se encuentra en niveles aterradores, se acentuará profundamente. Sin embargo, la economía está como está hoy en día debido a demasiada deuda y crecimiento insuficiente. Más deuda solo empeorará las cosas.

Los bancos centrales tienen poco espacio para recortar las tasas de interés o imprimir dinero en el caso de que se dé una nueva crisis. Es por eso que la Fed está tan determinada a incrementar los intereses –para recortarlos una vez más cuando haga falta.

Mientras tanto, los ciudadanos ya no están dispuestos a aceptar nuevos rescates gubernamentales. Por su parte, los gobiernos del mundo están experimentando una división política total. Esto no se limita al occidente. Simplemente ya no hay disposición (ni capacidad) para lidiar con la próxima crisis o recesión. Los peligros sistémicos con claros.

La próxima crisis será indetenible a no ser que se tomen medidas extremas –como impresión de capital por parte del FMI y congelamiento de bancos y fondos de mercado monetario.

Los llamados por un empleo garantizado o ingresos básicos garantizados serán más fuertes cada vez. Desafortunadamente, no habrá dinero para soportar tales pedidos.

Saludos,

Jim Rickards

Jim Rickards es editor de Inteligencia Estratégica para Agora Publicaciones