Estados Unidos ha estado viviendo de su enorme tarjeta de crédito por décadas y lo pagará en grande en los años que vienen. El momento de protegerse es ahora. 

Por Jim Rickards

Hay un detalle sumamente importante sobre la actividad de mercado reciente, y del nadie está hablando:

Lo que vimos durante la primera mitad del mes fue la primera gran caída bursátil en 20 años en la que tanto las acciones como los bonos fueron a la baja.

Cuando digo que “los bonos cayeron”, me refiero a sus precios, no a los retornos. Puede que últimamente hayas escuchado mucho sobre retornos más altos en los bonos, pero es importante tener en cuenta que a medida que los precios de los retornos suben, los precios bajan. Es como un subibaja.

Los precios de los bonos han caído drásticamente y las acciones hicieron lo mismo. Sin embargo, desde hace mucho tiempo estos dos tipos de activos han tenido una relación inversa, es decir, que cuando las acciones han ido al alza, los bonos van a la baja y viceversa.

Este el conocido balance de riesgo-sin riesgo. En otras palabras, cuando no hay riesgo la gente vende sus acciones y adquieren bonos para utilizarlos como refugio. Como resultado, las acciones papeles caen y las cotizaciones de los bonos suben. Al mismo tiempo, las tasas de interés bajan para que la gente salga de los bonos.

Y estas condiciones duran por mucho tiempo.

Luego, los intereses alcanzan un punto lo suficientemente bajo y los inversoresasumen que esa es una buena señal para la economía, por lo que vuelven una vez más a comprar acciones. Ahí es cuando el riesgo vuelve. Los inversorescomienzan a vender bonos y los rendimientos e intereses suben poco a poco. Eventualmente, las tasas de interés alcanzan un punto en el que los bonos representan ganancias atractivas, y una vez más los inversores comienzan a invertir en ellos.

Es un ciclo.

Como dije, este es un efecto de subibaja en el que las acciones caen y los bonos suben, y viceversa. Sin embargo, eso no fue lo que ocurrió recientemente. Tanto los precios de los bonos y las cotizaciones de las acciones cayeron durante la corrección.

En el pasado ya hemos experimentado bajas importantes en los activos. En agosto de 2015, por ejemplo, las acciones cayeron un 11%. Técnicamente, esa fue una corrección. En enero de 2016, las acciones una vez más tuvieron un descenso del 11% -otra corrección más. Bajas importantes como estas las vimos en 2011, 2010 y, por supuesto, con fuerza en 2008.

La diferencia es que en cada una de esas bajas –sin excepción– los precios de los bonos escalaron y lo contrario ocurrió con las tasas de interés. Actualmente, ese fenómeno casi no se está repitiendo. No ha llegado una suba en los bonos para compensar las pérdidas de las acciones.

Además de esto, el oro, las criptomonedas y el petróleo también recibieron un duro golpe en esta baja. El metal cayó de su máximo reciente de US$1.335, llegando a más o menos US$1.315 la onza. Esto no fue una caída muy seria, pero pérdidas son pérdidas. Ahora mismo está perforando por encima de los US$1.350 (y ya está comenzando otro mercado alcista). Las criptos también recibieron un buen derechazo en el rostro. Mientras tanto, en enero el petróleo tuvo un rally espectacular en el que superó con facilidad los US$60 por barril. Ahora la cotización del oro negro ha regresado al nivel de US$60.

Históricamente, en cada una de las bajas en renta variable los inversores tuvieron un colchón para soportar la caída. Si perdían dinero en las acciones, hacían ganancias con otro activo.

Pero esta vez eso no ocurrió.

Los mercados son sumamente complicados. Si analizas cualquier día específico verás muchísima variación. Pero esta baja simultánea que vimos en varios activos es algo que no habíamos presenciado desde hacía 20 años.

Te preguntarás, ¿qué tiene todo esto de importante?

Bueno, es importante porque es una señal de que en este momento está ocurriendo algo diferente a lo que hemos visto en los últimos ocho o nueve años. Aquí hay algo mucho más serio: estas son señales del comienzo de una crisis de liquidez.

Básicamente, el crédito de está agotando.

El endurecimiento monetario ha llegado por diferentes medios. Para empezar, en diciembre de 2015 la Fed se embarcó en un ciclo de suba en sus tasas de interés. No es de extrañar entonces que la economía se esté estancando, ya que las políticas monetarias funcionan con demora –especialmente cuando elendurecimiento de la Fed se da en un ambiente de desaceleración del ritmo de la inflación.

Además de los aumentos en los intereses, la Reserva Federal también está normalizando sus balances. Eso significa que no están refinanciado muchos valores cuando éstos expiran, sino que los están retirando. La Fed no está invirtiendo ese dinero en bonos nuevos. El dinero simplemente desaparece, lo que significa que los balances del banco central de los Estados Unidos están disminuyendo.

Imagina a alguien frente a una caldera tirando una pila de billetes de cien dólares al fuego y reduciendo la oferta monetaria. Eso es exactamente lo que está haciendo la Reserva Federal. Este proceso se conoce como “endurecimiento cuantitativo”, o “QT” por sus siglas en inglés. Es el opuesto directo a la relajación cuantitativa. En conclusión: la Reserva Federal está destruyendo dinero.

Esto es algo que jamás había ocurrido. Esto no tiene ningún precedente en la historia del banco central. Lo que ocurre es que la Reserva Federal nunca había impreso tanto dinero, así que nunca había necesitado deshacerse de tanto capital para acomodar sus balances.

Así que actualmente estamos teniendo que soportar una doble dosis de endurecimiento por parte del banco central de Estados Unidos.

Tenemos el incremento en los intereses junto a la reducción de la base capital. Y las reducciones de los balances han tenido el efecto equivalente a un aumento en el precio del dinero. Puede que este año veamos hasta cuatro aumentos en las tasas de interés de 25 puntos básicos cada una, y cuando a esto le sumas las reducciones de balances proyectadas para este y el año entrante, aquí hay elequivalente a cuatro subas completas en los intereses –además de los cuatro aumentos reales programados.

Cuando tomamos todo en consideración y hacemos los cálculos, el resultado es el equivalente a intereses creciendo un 2% por año –una cifra colosal.

En otras palabras, estamos experimentando dos formas de endurecimiento. Entonces no me sorprende en lo más mínimo que la Bolsa se haya venido abajo a raíz de estas medidas. Tampoco me sorprende que la economía estadounidense se esté ralentizando.

De hecho, anticipo que veremos más de esto en el futuro. Pero eso no es todo; existe un último factor del que sí se está hablando bastante: la “bomba de deuda”.

Le bomba de la deuda ha estado creciendo desde 1981. Cuando Ronald Reagan asumió la presidencia, el ratio deuda-PIB en Estados Unidos estaba cercano a un mínimo histórico. Reagan subió ese ratio del 35% hasta el 55%. Bush padre y Bill Clinton lo alzaron un poco más, hasta más o menos el 60%.

Bush padre perdió la presidencia cuando dijo “lee mis labios: no habrá impuestos nuevos”. En realidad sí aumentó los impuestos, en parte para controlar el ratio deuda-PIB. Bill Clinton hizo lo mismo, solo que él recortó los gastos. Desafortunadamente, Clinton recortó en los lugares incorrectos: en inteligencia para la defensa, y como consecuencia de eso tienes los atentados a las Torres Gemelas. Pero por lo menos recortó los gastos. Ambas presidencias buscaron aplicar el mismo tipo de políticas con objeto de controlar el ratio deuda-PIB.

Tiempo después, Bush hijo sumó varios billones a la deuda, lo que alzó el ratiodeuda-PIB por encima del 70%. Luego Obama duplicó la deuda en ocho años, pasando de unos US$10 billones hasta los US$20 billones, y el ratio deuda-PIB sobrepasó el 100% —el nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial.

el ratio seguirá creciendo bajo el mando de Trump –tal vez a niveles nunca antes vistos.

Pero aquí hay un factor que todo el mundo está ignorando: la deuda de los préstamos estudiantiles. Hay unos US$1.500 millones de deuda estudiantil sin pagar, y de la cual la totalidad está cubierta por el gobierno. Sí es cierto es que hay algunos préstamos privados que no tienen garantía gubernamental, pero en su absoluta mayoría este es un mercado con caución del gobierno.

La tasa de defaults en estos préstamos se está disparando, superando el 20%. Ten en cuenta que en las hipotecas, defaults con una frecuencia del 5% o 6% es muchísimo. Lo mismo aplica a las tarjetas de crédito. Todo lo que esté por encima del 5% es una tasa muy alta, y sin embargo, en los préstamos estudiantiles están superando el 20%. En términos reales, esto quiere decir que tienes unos US$300.000 millones o más de deuda estudiantil sin pagarse.

Ahora bien, esto aún no ha afectado el presupuesto porque el gobierno ha estado cubriendo esta realidad. Ofrecen plazos de gracia y remisiones. Llevan adelante consolidación de préstamos. Ofrecen servicios públicos como una manera de saldar la deuda. Han estado haciendo eso por años y años, pero el sombrero de trucos del mago ya se está agotando.

Los defaults se están acumulando, y esa realidad le caerá como un yunque al presupuesto de este año, y ni hablar al del año entrante. Estos defaults de los préstamos estudiantiles caerán como un tsunami financiero sobre los planes presupuestarios.

Mis estimaciones más conservadoras apuntan a un billón de dólares de nueva deuda. Por cierto, todo lo que te acabo de describir llega encima de los déficits presupuestarios que ya existen en los Estados Unidos. Así que tenemos frente a nosotros de uno a dos billones de dólares por pagar, uno nada más si somos conservadores. Pero creo que una estimación más acertada sería un incremento de dos billones en los déficits presupuestarios, todo a raíz del recorte fiscal.

Esto llega en un momento en que el ratio deuda-PIB supera el 105%.

Y esto es lo que tiene al mercado preocupado.

La única manera de salir de esto es a través de la inflación. Estados Unidos simplemente no declarará un default así como así, porque siempre puede seguir imprimiendo dinero. Pero el país en realidad sí quedará en default en lo que refiere al incremento de la inflación, así que la deuda tendrá que ser pagada con dólares que se deprecian rápidamente. Sería como pagarle a alguien 25 centavos cuando te había prestado 1 dólar.

A la fecha la Reserva Federal no ha podido generar inflación. Pero si lo intentan de verdad y son constantes por el tiempo suficiente, sí podrán. En el corto plazo, considerando que estamos en medio de una “desinflación”, la carga de la deuda se hace cada vez mayor.

Estados Unidos ha estado viviendo de la tarjeta de crédito por décadas y lo pagará en grande en los años que vienen.

Entonces, es ahora el momento de comprar tu oro –ahora que está barato.

Jim Rickards