El próximo colapso financiero ya está en nuestros radares y probablemente vendrá de parte de los malvados “bonos basura”.

Por Jim Rickards

Se están gestando tantas crisis crediticias que es difícil no olvidar alguna si uno no las va anotando en un cuaderno.

La madre de todas las crisis crediticias se aproxima cada vez más a China, con más de un cuarto de billón de dólares de deuda proveniente de bancos insolventes y empresas estatales. Y esto sin mencionar los pasivos que se encuentran por fuera de los libros de los gobiernos provinciales, productos de administración de riqueza y desarrolladores de proyectos infraestructurales innecesarios y costosos.

Luego tienes las crisis crediticias de los mercados emergentes, con Turquía y Argentina liderando un desfile de países casi quebrados y muy vulnerables a las salidas capitales de hot money, así como a una recesión en sus propias economías.

Acercándonos ya a la primera economía del mundo, tenemos la problemática de los préstamos estudiantiles en los Estados Unidos, con más de US$ 1,5 billones de deuda pendiente y tasas de default que se aproximan al 20%.

Ahora, Estados Unidos tiene otro problema entre manos: una ola de defaults en alrededor de los bonos basura.

El próximo colapso financiero ya está en nuestros radares y probablemente vendrá desde los bonos basura. Analicemos esto…

Desde la gran crisis financiera, las tasas de interés extremadamente bajas permitieron que el total de jugadas altamente especulativas con bonos basura crecieran un 58% –un máximo histórico. Como resultado, muchos empresarios dejaron que sus compañías quedaran altamente apalancadas. Actualmente hay un total de US$ 3,7 billones en circulación en la forma de bonos basura.

(Por si no lo sabías, bono basura o “junk bond” es el nombre que se les da a los bonos de alto rendimiento pero que al mismo tiempo no entregan grandes garantías de pago al momento de su maduración.)

Ahora, una vez que la economía entre en problemas, muchas corporaciones serán incapaces de saldar sus deudas: los defaults se esparcirán en el sistema como un virus mortal, y el daño será colosal.

Lo siguiente fue extraído de un reporte de Mariarosa Verde, una analista de crédito senior en la calificadora de deuda Moody’s:

“Este período extendido de condiciones crediticias benignas ha ayudado a muchas compañías débiles y sumamente apalancadas a escapar del default… Varios emisores sumamente frágiles están viviendo en tiempos de descuento hasta que las condiciones actuales cambien… Estas compañías están posicionadas para defaultear una vez que las condiciones crediticias eventualmente se hagan más difíciles… La cifra récord de firmas sumamente apalancadas ha sentado las condiciones para una ola de cesaciones de pagos una vez que la próxima época de dificultades económicas se haga realidad”.

Esto tomará a muchos inversores desprevenidos.

Qué esperar cuando dominós comiencen a caer

Todas las crisis crediticias y de liquidez comienzan de formas diferentes, pero siempre acaban igual. Siempre comienzan con problemas en algún sector en particular con préstamos excesivos, y luego el problema se va esparciendo de sector a sector hasta que el mundo entero quiere recuperar su dinero desesperadamente.

Pero el problema no es ese, sino que los reguladores emplean las mismas tácticas del pasado y no logran adaptarse al presente. En 2008, la crisis financiera global comenzó en los mercados hipotecarios estadounidenses, y rápidamente se esparció al sector bancario (que estaba en condiciones de apalancamiento excesivo).

Desde entonces, los estándares de préstamos hipotecarios se han endurecido considerablemente, y los requerimientos de capital de los bancos se han extendido enormemente. Y puede que los bancos y los prestamistas de hipotecas sean más seguros hoy en día, pero la realidad es que el sistema no ha cambiado.

Mientras tanto, la Fed sigue incrementando las tasas de interés, y probablemente haga lo mismo el mes entrante.

En el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) de la Fed celebrado recientemente se dejó claro que el banco central seguirá aumentando las tasas. El plan es continuar las subas hasta alcanzar la cifra de 4% a principios de 2020.

La Fed sigue viendo fuertes señales de crecimiento a la vez que anticipa inflación en los Estados Unidos, basándose en que hoy Estados Unidos tiene su tasa de desempleo más baja de los últimos 50 años.

Sin embargo, la verdadera razón por la que la entidad está aumentando las tipos es porque se está preparando para una nueva recesión.

Las investigaciones muestran que para sacar a Estados Unidos de una recesión, es necesario recortar las tasas de interés en un 4%. ¿Pero cómo podrías hacer hoy esto si las tasas actuales apenas están en un 2,25%?

La respuesta es simple: no se puede. Si una recesión comenzara hoy mismo y la Fed recortara las tasas a cero, no sería suficiente para frenar la contracción. Como resultado, el banco central estadounidense tendría que volver a la flexibilización cuantitativa, o “QE” que se usó del 2008 hasta el 2015.

Y es para evitar eso que la Reserva Federal está incrementando las tasas un 0,25% todos los marzos, junios, septiembres y diciembres hasta que finalmente alcance su meta del 4%.

Además, está llevando adelante un proceso de QE en reversa por medio de una reducción de sus balances y contracción de la base monetaria. Esto se conoce como endurecimiento cuantitativo, como probablemente ya sepas.

Mientras tanto, el crecimiento cae y las condiciones crediticias ya están comenzando a afectar la economía real. Se empiezan a ver fisuras en el tejido de los mercados emergentes, como ya mencioné. Asimismo, y como dije hace un momento, las pérdidas de los préstamos estudiantiles están disparándose a niveles nunca vistos. Eso está impidiendo la formación de nuevos núcleos familiares y la movilidad geográfica de parte de los recién graduados.

Además, las pérdidas también se están disparando el sector de préstamos subprime de vehículos, lo que ha obstaculizado momentáneamente la compra de nuevos autos. A medida que estas pérdidas se esparcen por toda la economía, las hipotecas y las tarjetas de crédito serán las próximas en sentir la presión.

Pero la realidad es que no importa dónde comience la crisis. Porque una vez que el tsunami llegue a escena, nadie saldrá ileso.

La Bolsa ya ha sufrido dos sell-offs significativos este año y es mucho más vulnerable de lo que los “expertos” más optimistas de los medios dicen. Terminará corrigiéndose debido a las condiciones de más pérdidas crediticias y endurecimiento crediticio.

Los derrumbes súbitos e inesperados que parecen salir de la nada son en realidad totalmente congruentes con las predicciones de mi teoría de la complejidad.

En un sistema complejo y dinámico como el de los mercados de capitales, el riesgo es una función exponencial relacionada a la escala del sistema. En ese sentido, la creciente extensión de los mercados se relaciona directamente con colapsos económicos cada vez más grandes.

Esto significa que el gran tamaño del sistema financiero está dando señales de una crisis global de liquidez en el futuro, así como una crisis económica mucho peor que la de 2008.

Hoy en día el riesgo sistémico es más grande que nunca. Los bancos “demasiado grandes para caer” son, en efecto, más grandes de lo que jamás han sido, a la vez que tienen un mayor porcentaje de activos totales del sistema bancario. Asimismo, cuentan con derivados financieros aún mayores en sus libros.

Además de esto, los nuevos algoritmos automatizados de trading, como las técnicas de alta frecuencia usadas en la Bolsa, si bien pueden agregar liquidez en tiempos normales, tal liquidez desaparecería instantáneamente ni bien comiencen problemas en el mercado. Y una vez que los catalizadores se desencadenan y comienza la crisis, las dinámicas automáticas impersonales cobran vida propia.

La capacidad de los bancos centrales para lidiar con la nueva crisis está sumamente restringida por tasas de interés bajas, así como balances inflados que, a pesar de que se han estado acercando a la normalización, aún no han podido regresar a la normalidad desde la última crisis.

Nos recuperamos del derrumbe más reciente, gracias en gran medida a que la Fed y otros bancos centrales tenían mucho más espacio para recortar las tasas y empezar un proceso de QE de lo que existe hoy en día. Pero puede que la próxima no seamos tan afortunados.

El problema que preocupa a los funcionarios del banco central es lo que ocurriría si se da una recesión antes de alcanzar la cifra objetivo de 4% (un resultado sumamente probable).

A esas alturas la Fed tendría que detener su ciclo de incremento en las tasas. El mercado ve esto venir, pero el banco central no. Como ya es costumbre, la Reserva Federal será la última en enterarse.

De momento, no está claro cuál será el próximo dominó en caer. Los mercados siguen en una posición precaria, y la volatilidad ha vuelto a escena. Sin importar qué dirección tomen los mercados desde aquí, los ejemplos pasados del efecto contagio son recordatorios escalofriantes de las conexiones que existen en los mercados de capital modernos.

Si bien nadie sabe cuándo ocurrirá la próxima crisis, el momento para prepararse es ahora. Una vez que el mercado entre en una corrección, será demasiado tarde para actuar.

Es por eso que debes comprar oro ahora que es barato. Cuando más necesites, es decir cuando llegue la crisis, te costará una fortuna.

Jim Rickards

Jim Rickards es editor de Inteligencia Estratégica para Agora Publicaciones.